La mayoría de los gliomas de grado 2 y 3 de la OMS llevan el mismo cambio de aminoácido en la isocitrato deshidrogenasa 1: la arginina 132 pasa a ser histidina. Esa única sustitución es a la vez un marcador diagnóstico y un neoantígeno compartido: un péptido mutante que el sistema inmunitario, en principio, puede ver.
La vacuna no es un producto de células enteras ni una construcción personalizada. Es un único péptido sintético de 20 aminoácidos que abarca la mutación R132H, administrado con un adyuvante inmunitario. El objetivo es presentar ese péptido en el MHC de clase II y reclutar células T colaboradoras específicas de la mutación.
Como R132H es un evento temprano y troncal, se espera que todas las células tumorales lo conserven. Esa es la apuesta científica: una diana que el glioma no puede perder sin convertirse en una enfermedad distinta.